Dídac Ballester, 2019

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Las ideas originales son siempre insólitas e inesperadas. Requieren intrepidez y determinación, el deseo de ir más allá, de embarcarse en un viaje de exploración incierta. Son una combinación de curiosidad, inquietud y habilidad para cuestionar los límites establecidos. Con simplicidad extrema y cautivadora, esto es lo que consigue el diseñador Dídac Ballester a través de su serie de máscaras de papel: desafiar las convenciones de la tipografía y captar la esencia del análisis creativo.

“Los juguetes no son tan inocentes como parecen. Los juguetes y los juegos son el preludio a las ideas serias.” Charles y Ray Eames fueron maestros del ingenio y la travesura. Nunca se tomaron a sí mismos o a su trabajo demasiado en serio, conscientes de que la clave de los diseños innovadores reside en nunca resignarse con soluciones impuestas y acostumbradas. Con un enfoque similar, este proyecto despoja de su solemnidad habitual a las reglas y principios tradicionales que definen el arte de la tipografía. En este caso, el juego se usa como herramienta de diseño. Es un sinónimo de proceso, de investigación y de producto final.

Estas máscaras tipográficas son el resultado de un ejercicio creativo basado en la restricción, concepto que define el estilo del diseñador valenciano. Cada pieza se configura con sólo cuatro elementos: ojos (representados por un par de círculos fijos que no cambian a lo largo de la serie), pelo, nariz y boca. El diseño, impreso en negro sobre papel blanco, no sólo experimenta con la forma de las letras, números y símbolos, sino que juega también con el espacio negativo, con el equilibrio y con la composición. Así, las restricciones autoimpuestas del proyecto construyen un producto fuerte y reconocible.

La representación abstracta de los rostros evoca una cualidad rudimentaria. A primera vista, la imagen plana nos recuerda a los ya lejanos mensajes de texto característicos de los tiempos pre-smartphone. Sin embargo, estas máscaras son más que simples emoticonos. Son objetos dinámicos y provocativos, con una evidente personalidad propia. La disposición perspicaz de los elementos tipográficos dota a estas representaciones faciales de una expresión y profundidad inesperadas, como si cada una de ellas fuera el personaje de una historia. Una historia que se crea a raíz de la interacción del usuario con las máscaras. Al jugar con ellas y colocarlas sobre el rostro, el diseño pierde su carácter bidimensional y cobra vida.

De este modo, el usuario se convierte en parte fundamental del proceso de diseño y, a su vez, también en lector. Estos rostros, intencionadamente o no, se pueden leer. Transmiten un mensaje e incluyen un componente intrínseco y sutil de poesía concreta, expresan significado a través del efecto tipográfico. De manera similar, aunque desde una perspectiva distinta, al poema de Eugen Gomringer Wind, donde máscaras tipográficas

Diseño: Dídac Ballester
Fotografías: Isabel Rovira
Texto: Berta Ferrer