Cree que el diseño lo tiene que entender todo el mundo, y no puede caer en la misma trampa que la economía o una parte del arte actual, que se han convertido en un laberinto de operaciones incomprensibles para la mayoría de las personas. Reivindica un diseño basado en la sencillez, el orden y los detalles.

Le gusta creer en el concepto como punto de partida de cada proyecto. El contenido es tan importante como la forma, y si el diseño es invisible, mejor. Cree necesario mantener una reflexión continua entorno a la naturaleza misma de los objetos que diseñamos.

Como diseñador que desarrolla objetos (carteles, libros, catálogos…) le preocupan todos los aspectos del proceso: desde la forma, la tipografía o el formato, hasta los sistemas óptimos de producción. Es consciente de que todo influye.